Test para evaluar el equilibrio y prevenir las caídas

Por Iván García, técnico de Ganasalud.

Existen varias formas de medir el equilibrio y conocer de forma aproximada si tenemos un buen nivel de estabilidad para nuestro rango de edad. Esto nos permite identificar posibles dificultades, pero también llevar un registro de las mejoras o el empeoramiento que experimentamos con el paso del tiempo.

Hoy veremos varios test sencillos que permiten evaluar diferentes componentes del equilibrio y la estabilidad. Algunos se pueden realizar en casa sin apenas material, mientras que otros requieren algo de material como una silla, un cronómetro o una cinta métrica.

1. Static Balance Test (equilibrio a una pierna)

El Single-Leg Stance Test, también conocido como test de equilibrio monopodal, es una prueba muy utilizada para valorar el equilibrio estático. Consiste en mantenerse de pie sobre una sola pierna durante el mayor tiempo posible, sin apoyarse ni tocar el suelo con el pie que queda levantado.

Para realizarlo, nos colocamos de pie en una superficie estable, con los ojos abiertos y los brazos en una posición cómoda. Levantamos un pie y comenzamos a contar el tiempo hasta que perdamos la posición, apoyemos el otro pie o necesitamos agarrarnos. Podemos repetirlo con ambas piernas para observar si existen diferencias entre ellas.

En general, el equilibrio tiende a empeorar con la edad, aunque existe una gran variabilidad entre personas. Por ello, un menor tiempo de mantenimiento puede indicar dificultades de estabilidad, pero no debemos utilizarlo de forma aislada para determinar el riesgo de caída.

¿Qué valores podemos tomar como referencia?

No existe un único punto de corte válido para todas las edades y poblaciones. En personas mayores, mantener el equilibrio durante pocos segundos puede ser una señal de alerta, especialmente si se acompaña de antecedentes de caídas o dificultades al caminar. Una alternativa más estandarizada es el test de equilibrio de cuatro posiciones, que explicaremos más adelante.

Lo más interesante es registrar el tiempo conseguido en cada pierna y repetir la prueba en condiciones similares después de un periodo de entrenamiento. De esta forma, podemos observar si se producen mejoras en nuestra capacidad de mantener una postura estable. Como una referencia podemos ver si nos acercamos a las siguientes marcas según nuestro rango de edad:

Aquí tienes la tabla simplificada ajustada únicamente con las dos columnas solicitadas:

Rango de Edad Tiempo Promedio Sugerido
5 – 12 años 25 – 35 segundos
13 – 19 años 30 – 40+ segundos
20 – 39 años 30 – 45 segundos
40 – 59 años 20 – 35 segundos
60 – 75 años 15 – 25 segundos
+75 años 5 – 15 segundos

2. Timed Up and Go (TUG)

El Timed Up and Go (TUG) es una prueba funcional utilizada para evaluar la movilidad, el equilibrio dinámico y la capacidad para realizar desplazamientos cotidianos en personas mayores. Fue descrita por Podsiadlo y Richardson (1991) y consiste en medir el tiempo que una persona tarda en levantarse de una silla, caminar tres metros, girar, regresar y sentarse nuevamente.

Aunque parece una tarea muy sencilla, durante su realización intervienen diferentes capacidades: levantarse de una silla, iniciar la marcha, desplazarse, cambiar de dirección y controlar el cuerpo al volver a sentarse. Por eso, nos proporciona información más amplia que una prueba de equilibrio estático.

 

¿Cómo interpretamos los resultados?

Según el programa de prevención de caídas STEADI de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), un tiempo igual o superior a 12 segundos puede indicar un mayor riesgo de caída en personas mayores. Sin embargo, este valor debe interpretarse con precaución, ya que el resultado también depende de la edad, la condición física, las enfermedades existentes y el uso de ayudas para caminar.

Para llevar un registro, podemos anotar el tiempo en segundos y observar cómo evoluciona a lo largo de las semanas. Es importante mantener las mismas condiciones de evaluación, utilizando la misma silla, la misma distancia y unas instrucciones similares.

 

3. Four-Stage Balance Test (test de equilibrio de cuatro posiciones)

Este test es especialmente interesante para valorar el equilibrio estático en personas mayores, ya que incluye cuatro posiciones de dificultad progresiva. Además, únicamente necesitamos un cronómetro.

Las posiciones que debemos mantener son las siguientes:

  1. Pies juntos: colocamos ambos pies uno al lado del otro.
  2. Posición semitándem: situamos el empeine de un pie junto al dedo gordo del otro.
  3. Posición tándem: colocamos un pie directamente delante del otro, de manera que el talón del pie delantero toque los dedos del pie trasero.
  4. Apoyo sobre una pierna: levantamos un pie y mantenemos el equilibrio sobre el otro.

Cada posición debe mantenerse durante 10 segundos. Si conseguimos hacerlo sin mover los pies ni necesitar apoyo, pasamos a la siguiente. Si no somos capaces de mantener una posición durante ese tiempo, detenemos la prueba.

Según las recomendaciones del CDC (2017), no conseguir mantener la posición tándem durante 10 segundos se considera una señal de mayor riesgo de caída en personas mayores. Este resultado no significa que necesariamente vayamos a sufrir una caída, sino que puede ser conveniente realizar una valoración más completa y trabajar el equilibrio.

Una ventaja de este test es que permite detectar dificultades en posiciones cada vez más exigentes sin necesidad de realizar desplazamientos. Por tanto, puede resultar útil como primera aproximación para conocer nuestro nivel de estabilidad.

4. Functional Reach Test (test de alcance funcional)

El Functional Reach Test es otra prueba interesante porque evalúa nuestra capacidad para desplazar el cuerpo hacia delante sin perder el equilibrio ni mover los pies de su posición inicial. Esta capacidad resulta importante en actividades cotidianas como alcanzar un objeto situado en una estantería.

Para realizarlo, nos colocamos de pie junto a una pared, con un brazo elevado hacia delante y el codo extendido. Sin dar pasos ni levantar los talones, intentamos alcanzar la máxima distancia posible inclinándonos hacia delante. Medimos la diferencia entre la posición inicial de la mano y la posición final alcanzada.

Duncan et al. (1990) estudiaron esta prueba y observaron que constituye una medida clínica útil para valorar los límites de estabilidad.

¿Qué valores de referencia podemos utilizar?

No existe un único valor universal aplicable a todas las personas, ya que la edad, la estatura y las características físicas influyen en el resultado. Una distancia de alcance reducida puede indicar una menor capacidad para desplazar el centro de masas manteniendo una base de apoyo estable.

En algunos estudios se han utilizado valores inferiores a aproximadamente 15-20 cm como indicadores de posible dificultad, aunque los puntos de corte varían entre poblaciones y no deben interpretarse como un diagnóstico ni como una predicción segura de caídas.

Al igual que en los test anteriores, lo más útil para el seguimiento individual es registrar la distancia conseguida y comprobar si mejora tras un programa de entrenamiento.

 

5. Escala de Equilibrio de Berg (Berg Balance Scale)

Si queremos realizar una valoración más completa, podemos recurrir a la Berg Balance Scale, una escala clínica que evalúa el equilibrio mediante la combinación de 14 tareas funcionales. Entre ellas se incluyen mantenerse de pie, levantarse de una silla, girar, alcanzar objetos y realizar transferencias.

Cada tarea se puntúa de 0 a 4 puntos, por lo que la puntuación máxima es de 56 puntos. Cuanto mayor sea la puntuación, mejor será el desempeño en las tareas evaluadas.

Tradicionalmente, se ha utilizado una puntuación inferior a 45 puntos como referencia de posible alteración del equilibrio y mayor riesgo de caída. No obstante, una revisión sistemática de Lima et al. (2018) concluyó que la evidencia no permite establecer un punto de corte universal suficientemente fiable para predecir las caídas en todas las personas mayores.

Por ello, esta escala resulta especialmente útil cuando la administra un profesional que puede interpretar los resultados junto con otros factores, como los antecedentes de caídas, la fuerza muscular, la movilidad y las limitaciones funcionales. No vamos a entrar en detalle de las 14 tareas para no alargar en exceso el artículo, pero os dejamos una representación gráfica por si queréis entrar más en detalle.

6. 30-Second Chair Stand Test (test de levantarse de la silla durante 30 segundos)

Aunque no es una prueba específica de equilibrio, merece la pena incluirla porque la fuerza y la resistencia muscular de las piernas son importantes para la movilidad y la prevención de caídas.

El test consiste en sentarse en una silla estable, cruzar los brazos sobre el pecho y levantarse hasta alcanzar la posición erguida, para volver a sentarse después. Debemos realizar tantas repeticiones completas como podamos durante 30 segundos.

El CDC incluye esta prueba dentro de sus herramientas de valoración de personas mayores. Sus valores de referencia varían según la edad y el sexo. Por ejemplo, en la tabla de puntuaciones del programa STEADI, se consideran por debajo de la media los siguientes resultados:

  • Hombres de 60 a 64 años: menos de 14 repeticiones.
  • Mujeres de 60 a 64 años: menos de 12 repeticiones.
  • Hombres de 70 a 74 años: menos de 12 repeticiones.
  • Mujeres de 70 a 74 años: menos de 10 repeticiones.
  • Hombres de 80 a 84 años: menos de 10 repeticiones.
  • Mujeres de 80 a 84 años: menos de 9 repeticiones.

Estos valores corresponden a las referencias del CDC (2017) y no deben extrapolarse a otros grupos de edad. Además, una puntuación baja no permite concluir por sí sola que exista un riesgo elevado de caída, pero sí puede señalar la necesidad de valorar la fuerza de las piernas y la capacidad funcional.

¿Cómo podemos utilizar estos test para prevenir las caídas?

Como hemos visto, existen diferentes formas de valorar el equilibrio, y cada una aporta información distinta. Mientras que el apoyo sobre una pierna o el test de cuatro posiciones se centran en el equilibrio estático, el Timed Up and Go (TUG) permite observar cómo nos desenvolvemos durante movimientos cotidianos. El alcance funcional valora nuestra capacidad para desplazar el cuerpo sin perder la estabilidad, mientras que el test de levantarse de la silla aporta información sobre la fuerza y la resistencia de las piernas.

Por eso, en lugar de centrarnos únicamente en una prueba, puede ser más interesante combinar varias y observar los resultados en conjunto. También debemos tener en cuenta otros factores importantes, como los antecedentes de caídas, la medicación, la visión, el oído, la fuerza muscular y la seguridad del entorno. Ningún test aislado permite predecir con certeza si una persona sufrirá una caída (Lima et al., 2018).

Es muy importante que las pruebas se realicen en un entorno seguro, sin obstáculos potencialmente peligrosos y, especialmente en personas con dificultades de movilidad o antecedentes de caídas, bajo la supervisión de un profesional. Si existe un riesgo elevado de caída, no debemos intentar realizar pruebas exigentes sin ayuda.

Además, para comprobar si estamos mejorando, conviene repetir los test en condiciones similares y registrar los resultados. De esta forma, podremos observar la evolución y ajustar el entrenamiento en función de las necesidades de cada persona.

Tras toda esta información, en el próximo artículo hablaremos de cómo ponemos en práctica esto en Ganasalud para trabajar la prevención de caídas mediante la integración de ejercicios de equilibrio, estabilidad, coordinación y por supuesto, fuerza.

 

Referencias bibliográficas

Centers for Disease Control and Prevention. (2017). The 4-stage balance test. STEADI—Older Adult Fall Prevention. https://www.cdc.gov/steadi/

Centers for Disease Control and Prevention. (2017). Assessment: 30-second chair stand. STEADI—Older Adult Fall Prevention. https://www.cdc.gov/steadi/

Duncan, P. W., Weiner, D. K., Chandler, J., & Studenski, S. (1990). Functional reach: A new clinical measure of balance. Journal of Gerontology, 45(6), M192–M197. https://doi.org/10.1093/geronj/45.6.M192

Lima, C. A., Ricci, N. A., Nogueira, E. C., & Perracini, M. R. (2018). The Berg Balance Scale as a clinical screening tool to predict fall risk in older adults: A systematic review. Physiotherapy, 104(4), 383–394. https://doi.org/10.1016/j.physio.2018.02.002

Podsiadlo, D., & Richardson, S. (1991). The timed “Up & Go”: A test of basic functional mobility for frail elderly persons. Journal of the American Geriatrics Society, 39(2), 142–148. https://doi.org/10.1111/j.1532-5415.1991.tb01616.x