Por José Manuel Sánchez – Ganasalud

Cada 11 de junio se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Próstata, una fecha que busca concienciar sobre una enfermedad que afecta a millones de hombres en todo el mundo.

Cuando hablamos de cáncer de próstata, solemos pensar en diagnósticos, pruebas médicas o tratamientos. Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que hay un elemento que también forma parte del proceso y que puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad:

el ejercicio físico.

Y no, no hablamos únicamente de «mantenerse activo». Hablamos de una herramienta terapéutica respaldada por décadas de investigación científica.

El cáncer de próstata en cifras

El cáncer de próstata es uno de los tumores más frecuentes en hombres.

Afortunadamente, los avances en diagnóstico y tratamiento han mejorado enormemente las tasas de supervivencia. Cada vez más personas viven muchos años después del diagnóstico, lo que ha hecho que la atención no se centre únicamente en tratar la enfermedad, sino también en preservar la calidad de vida durante y después del tratamiento.

Y aquí es donde el ejercicio ha adquirido un papel protagonista.

El tratamiento salva vidas, pero puede tener efectos secundarios

Dependiendo de cada caso, el tratamiento puede incluir cirugía, radioterapia, terapia hormonal o una combinación de varias estrategias.

Estos tratamientos han demostrado ser muy eficaces, pero también pueden producir efectos secundarios como:

  • Fatiga.
  • Pérdida de masa muscular.
  • Disminución de la fuerza.
  • Aumento de grasa corporal.
  • Reducción de la densidad mineral ósea.
  • Problemas metabólicos y cardiovasculares.
  • Alteraciones del estado de ánimo.
  • Disminución de la calidad de vida.

Durante años se asumió que el reposo era la mejor respuesta frente a muchos de estos síntomas.

Hoy sabemos que no es así.

El ejercicio ha pasado de ser recomendable a ser parte del tratamiento

Las principales organizaciones internacionales dedicadas al cáncer, como la American College of Sports Medicine, consideran actualmente el ejercicio físico como una intervención fundamental dentro de la atención oncológica.

De hecho, el ejercicio es una de las pocas estrategias no farmacológicas que ha demostrado mejorar múltiples aspectos físicos y psicológicos en pacientes con cáncer.

La pregunta ya no es si una persona con cáncer puede hacer ejercicio.

La pregunta es:

¿cómo podemos adaptar el ejercicio para que le ayude de la mejor manera posible?

Uno de los síntomas más frecuentes: la fatiga

La fatiga relacionada con el cáncer es diferente al cansancio habitual.

No desaparece simplemente descansando y puede afectar profundamente a la vida diaria.

Curiosamente, una de las intervenciones más eficaces para reducir esta fatiga es precisamente el ejercicio físico.

Diversas revisiones sistemáticas han mostrado que los programas de ejercicio supervisado pueden disminuir significativamente la sensación de fatiga y mejorar la capacidad funcional.

Es uno de los hallazgos más consistentes de toda la investigación en ejercicio oncológico.

Proteger el músculo es proteger la salud

Uno de los efectos más frecuentes de algunos tratamientos, especialmente la terapia de privación androgénica (hormonal), es la pérdida de masa muscular y fuerza.

Esto no solo afecta a la capacidad física.

También influye en:

  • la autonomía,
  • el riesgo de caídas,
  • la salud metabólica,
  • y la calidad de vida.

Por eso, el entrenamiento de fuerza ocupa un lugar central en las recomendaciones actuales.

La evidencia muestra que programas bien diseñados pueden ayudar a:

1. Mantener o aumentar la masa muscular.
2. Mejorar la fuerza.
3. Preservar la función física.
4. Reducir limitaciones en las actividades diarias.

El corazón también importa

Los hombres con cáncer de próstata, especialmente aquellos sometidos a terapia hormonal prolongada, pueden presentar un mayor riesgo cardiovascular.

Aquí el ejercicio aeróbico también juega un papel importante.

Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar trabajo cardiovascular adaptado puede contribuir a:

  • Mejorar la capacidad cardiorrespiratoria.
  • Controlar factores de riesgo cardiovascular.
  • Favorecer una mejor composición corporal.
  • Mejorar la sensación general de bienestar.

¿Qué tipo de ejercicio recomienda la evidencia?

Aunque cada persona necesita una valoración individualizada, las guías internacionales suelen recomendar combinar:

Entrenamiento de fuerza

2-3 días por semana.

Con ejercicios adaptados a la condición física y situación clínica de cada persona.

Ejercicio aeróbico

Al menos 150 minutos semanales de intensidad moderada cuando sea posible.

Trabajo de movilidad y equilibrio

Especialmente importante en personas con pérdida de condición física o riesgo de caídas.

La clave no está en hacer más.

La clave está en hacer lo adecuado para cada momento.

Una idea importante para terminar

El ejercicio no sustituye los tratamientos médicos.

Pero sí puede ayudar a que la persona los tolere mejor, mantenga más capacidad física y preserve una mayor calidad de vida durante el proceso.

Hoy sabemos que el ejercicio es mucho más que actividad física.

Es una herramienta terapéutica.

Y en el cáncer de próstata, la evidencia es cada vez más clara: moverse de forma adecuada puede formar parte del tratamiento.

Referencias

American College of Sports Medicine. Patel AV, Friedenreich CM, Moore SC, et al. (2019, actualizadas en posicionamientos posteriores). Exercise guidelines for cancer survivors and exercise oncology recommendations.

Campbell KL, Winters-Stone KM, Wiskemann J, et al. (2019). Exercise Guidelines for Cancer Survivors: Consensus Statement from International Multidisciplinary Roundtable. Medicine & Science in Sports & Exercise.

Cormie P, Zopf EM, Zhang X, Schmitz KH. (2020). The impact of exercise on cancer mortality, recurrence, and treatment-related adverse effects. Epidemiologic Reviews.

Taaffe DR, Newton RU, Spry N, Joseph D, Chambers SK, Gardiner RA, et al. (2024). Exercise Medicine During Androgen Deprivation Therapy for Prostate Cancer: Current Evidence and Clinical Implications. Nature Reviews Urology.

Cormie P, Newton RU, Spry N, Joseph D, Taaffe DR, Galvão DA. (2023). Exercise as medicine in prostate cancer management: emerging evidence and future directions. British Journal of Sports Medicine.

Galvão DA, Newton RU, Taaffe DR, et al. (2022). Exercise Oncology for Men with Prostate Cancer: A Systematic Review and Meta-analysis. European Urology Open Science.

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