Por José Manuel Sánchez – Ganasalud
Como ya hemos abordado en la serie de posts sobre dolor, el dolor no depende únicamente de músculos, articulaciones o tejidos. También influyen factores como el estrés, el sueño y el entorno en el que vivimos.
Hoy vamos a detenernos en uno de los factores que más relación tiene con el dolor persistente y que, sin embargo, muchas veces pasa desapercibido:
el sueño.
Porque dormir no es simplemente descansar.
Dormir es una de las principales formas que tiene el sistema nervioso de recuperarse, regularse y prepararse para el día siguiente.
El sueño: mucho más que recuperar energía
Cuando pensamos en dormir solemos asociarlo a descansar físicamente.
Pero mientras dormimos ocurren procesos fundamentales para nuestra salud:
- Se regulan hormonas.
- Se consolidan aprendizajes y memorias.
- Se modula el sistema inmunitario.
- Se regulan las emociones.
- Se recupera el sistema nervioso.
En cierto modo, el sueño es uno de los grandes «mecanismos de mantenimiento» del organismo.
Y cuando ese mantenimiento falla durante semanas o meses, el cuerpo empieza a notarlo.
También el dolor.
¿Qué ocurre cuando dormimos mal?
La evidencia científica actual muestra de forma consistente que la falta de sueño aumenta la sensibilidad al dolor.
el mismo estímulo puede resultar más doloroso después de una mala noche.
Las investigaciones sugieren que el sueño insuficiente altera diferentes mecanismos relacionados con el procesamiento del dolor:
- Disminuye la capacidad natural de inhibir señales dolorosas.
- Aumenta la sensibilidad del sistema nervioso.
- Incrementa los niveles de inflamación de bajo grado.
- Reduce la capacidad de recuperación física y mental.
En otras palabras:
un sistema nervioso fatigado se vuelve más protector.
Y una de las herramientas que utiliza para proteger es el dolor.
El círculo que muchas personas conocen demasiado bien
Quienes conviven con dolor persistente suelen describir una situación muy familiar:
«Dormí mal porque me dolía.»
Y al día siguiente:
«Me dolía más porque dormí mal.»
Esto no ocurre por casualidad.
Actualmente sabemos que la relación entre sueño y dolor es bidireccional.
El dolor puede alterar el sueño.
Y la alteración del sueño puede aumentar el dolor.
Con el tiempo, este círculo puede contribuir a mantener la sensibilidad del sistema nervioso.
No es cuestión de fuerza de voluntad
A veces las personas con dolor crónico sienten frustración cuando escuchan frases como:
«Lo que necesitas es dormir más.»
Pero la realidad es mucho más compleja.
Muchas personas con dolor persistente presentan dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes o una sensación de sueño poco reparador.
No es falta de interés ni de esfuerzo.
Es parte de un sistema nervioso que lleva demasiado tiempo funcionando en modo alerta.
Por eso, mejorar el sueño no consiste únicamente en «acostarse antes», sino en ayudar al organismo a recuperar sensación de seguridad y regulación.
El modelo biopsicosocial también está presente aquí
Como hemos visto a lo largo de esta serie, el dolor no depende de una única causa.
Y el sueño tampoco.
Factores como:
- El estrés.
- La preocupación.
- La ansiedad.
- Las experiencias previas de dolor.
- La actividad física.
- El entorno.
influyen tanto en cómo dormimos como en cómo sentimos el dolor.
Por eso, abordar el sueño desde una visión amplia suele ser mucho más útil que buscar una única explicación.
Una idea importante
Dormir mejor no elimina automáticamente el dolor.
Pero sí puede ayudar a que el sistema nervioso funcione de una manera menos protectora y más eficiente.
Cada noche de sueño reparador es una oportunidad para que el organismo recupere parte de su capacidad de regulación.
Y aunque no siempre sea fácil, cuidar el sueño es también una forma de cuidar el dolor.
Próximo artículo
En la siguiente publicación hablaremos de otro de los grandes moduladores del dolor:
el estrés.
¿Por qué los síntomas suelen empeorar en épocas de mayor carga emocional?
¿Puede el estrés aumentar realmente el dolor?
Y, sobre todo, ¿qué nos dice la evidencia actual sobre esta relación?
Referencias
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Mills JG, Coussens S, King C, et al. (2024). Sleep disturbance and chronic pain: current evidence and clinical implications. The Lancet Rheumatology.
Moseley GL, Butler DS. (2017). Explain Pain Supercharged. NOI Group Publications.
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