Actividad Física en familia: tus hijos aprenden con el ejemplo

Por Cristian García Martínez. Técnico de GanaSalud.

 

Existe una frase que resume muy bien cómo aprenden los niños durante sus primeros años de vida: «No hacen lo que les dices, hacen lo que te ven hacer». Aunque pueda parecer un simple refrán, la investigación científica lleva décadas demostrando que el entorno familiar tiene un papel muy importante en el desarrollo de hábitos saludables, especialmente en lo relacionado con la Actividad Física.

 

Dos estudios científicos, publicados con casi veinte años de diferencia, coinciden en una misma idea: cuando los padres llevan una vida activa y apoyan el movimiento en casa, es más probable que sus hijos también sean físicamente activos.

Uno de los trabajos más conocidos sobre este tema fue publicado por Moore y colaboradores (1991). En él participaron familias con niños de entre 4 y 7 años, analizando el nivel de Actividad Física tanto de los padres como de los hijos mediante acelerómetros. Los resultados mostraron una clara relación entre ambos. Los hijos de madres activas tenían aproximadamente el doble de probabilidades de ser activos, mientras que si el padre era activo las probabilidades aumentaban aún más. Cuando ambos progenitores mantenían un estilo de vida activo, la probabilidad de que los hijos también lo fueran era casi seis veces superior respecto a aquellos cuyos padres eran sedentarios.

Estos resultados reflejan una realidad sencilla: los niños aprenden observando. Si crecer viendo que caminar, montar en bicicleta, salir a correr o practicar algún deporte forma parte de la rutina familiar, es mucho más fácil que integren esas conductas como algo normal en su día a día.

Años más tarde, Zecevic y colaboradores (2010) ampliaron esta idea estudiando a niños de entre 3 y 5 años. Además de analizar la Actividad Física de las familias, evaluaron el apoyo que los padres ofrecían a sus hijos para mantenerse activos.

Los investigadores comprobaron que el ejemplo es importante, pero también lo es el acompañamiento. Los niños cuyos padres los animaban a jugar, participaban con ellos en actividades físicas o facilitaban oportunidades para moverse tenían muchas más probabilidades de alcanzar niveles elevados de Actividad Física. De hecho, el apoyo parental fue uno de los factores que mostró una asociación más fuerte con un estilo de vida activo durante la infancia.

 

Todo lo anterior nos recuerda que fomentar el ejercicio no consiste únicamente en apuntar a los niños a una actividad deportiva. Muchas veces, los hábitos se construyen en pequeños momentos cotidianos: ir andando al colegio, jugar en el parque, salir a pasear después de cenar o dedicar parte del fin de semana a actividades al aire libre.

Al igual que ocurre con la alimentación o con la lectura, el entorno familiar actúa como una referencia constante. Los niños observan qué hacen los adultos y, poco a poco, incorporan esos comportamientos como parte de su propia forma de vivir.

 

En definitiva, la evidencia científica muestra que el estilo de vida de los padres puede influir de forma importante en los hábitos de Actividad Física de sus hijos. No se trata de ser un atleta ni de entrenar todos los días, sino de transmitir, con el ejemplo, que moverse forma parte de una vida saludable. Porque muchas veces, la mejor manera de enseñar un hábito no es explicarlo, sino vivirlo.

 

Referencias bibliográficas 

  1. Moore, L. L., Lombardi, D. A., White, M. J., Campbell, J. L., Oliveria, S. A., & Ellison, R. C. (1991). Influence of parents’ physical activity levels on activity levels of young children. The Journal of pediatrics118(2), 215–219. https://doi.org/10.1016/s0022-3476(05)80485-8
  2. Zecevic, C. A., Tremblay, L., Lovsin, T., & Michel, L. (2010). Parental Influence on Young Children’s Physical Activity. International journal of pediatrics2010, 468526. https://doi.org/10.1155/2010/468526