Por José Manuel Sánchez – Ganasalud

Cada 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, una fecha para visibilizar una enfermedad que afecta a millones de personas y que sigue siendo uno de los grandes retos asociados al envejecimiento.

Aunque todavía no existe una forma de prevenir todos los casos de Alzheimer, cada vez sabemos más sobre los factores que podemos modificar a lo largo de la vida.

Y entre ellos hay uno especialmente interesante: la actividad física.

El cerebro también se beneficia cuando entrenamos

Cuando hacemos ejercicio no solo trabajan nuestros músculos y nuestro corazón.

También aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro, se producen adaptaciones en el sistema cardiovascular y se estimulan procesos relacionados con la plasticidad cerebral.

Por eso, mantenernos físicamente activos puede contribuir a conservar una mejor salud cerebral a medida que envejecemos.

La evidencia epidemiológica más reciente apunta en esta dirección. Un metaanálisis publicado en 2025, que reunió 29 estudios y más de 1,4 millones de participantes, encontró una asociación entre mayores niveles de actividad física y un menor riesgo de desarrollar Alzheimer.

Pero hay que interpretar estos datos correctamente: hacer ejercicio no garantiza que una persona no vaya a desarrollar Alzheimer. La enfermedad es compleja y participan factores genéticos, vasculares, metabólicos y relacionados con el estilo de vida.

Lo que sí podemos hacer es modificar algunos de esos factores.

¿Y si ya existe Alzheimer?

Aquí también encontramos buenas noticias.

El ejercicio no es únicamente una estrategia de prevención. También puede formar parte del abordaje de las personas que ya presentan deterioro cognitivo o Alzheimer.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró que programas de ejercicio de unas 12 semanas podían producir mejoras en función cognitiva, capacidad física y calidad de vida en personas con Alzheimer.

Y otra revisión reciente de ensayos clínicos encontró beneficios del ejercicio sobre diferentes medidas cognitivas y motoras.

Además, el ejercicio ayuda a mantener algo fundamental: la capacidad de seguir haciendo cosas por uno mismo.

Caminar, levantarse de una silla, subir escaleras, cargar una bolsa o mantener el equilibrio son mucho más que simples capacidades físicas. Son herramientas para conservar autonomía y participación en la vida cotidiana.

¿Qué ejercicio?

No necesitamos buscar un ejercicio «especial para el cerebro».

Lo importante es mantenernos físicamente activos de forma regular y adaptada a nuestras capacidades.

Caminar a buen ritmo, trabajar la fuerza, realizar ejercicios de equilibrio, montar en bicicleta, nadar o participar en actividades que impliquen movimiento son diferentes formas de sumar actividad física.

En personas mayores, además, combinar ejercicio aeróbico, fuerza y trabajo funcional puede ser especialmente interesante.

La OMS recomienda que las personas mayores acumulen, cuando sea posible, entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, junto con ejercicios de fuerza al menos dos días por semana.

Y algo importante:

No hace falta hacerlo perfecto.

Empezar a moverse más también cuenta.

Cuidar el cerebro empieza mucho antes del diagnóstico

La prevención del Alzheimer no depende de una única intervención.

La evidencia actual apunta hacia un enfoque global: controlar factores cardiovasculares, mantener una alimentación saludable, no fumar, cuidar el sueño, mantener una vida social activa y, por supuesto, mantenerse físicamente activo. El informe de la Comisión Lancet de 2024 señala precisamente la importancia de abordar conjuntamente los factores modificables relacionados con el riesgo de demencia.

Por eso, quizá una de las mejores formas de pensar el ejercicio no sea como una «cura» para el Alzheimer.

Sino como una forma de invertir en la salud de nuestro cerebro y de nuestro cuerpo durante muchos años.

Moverse hoy también es cuidar el cerebro de mañana.

 

Referencias

  1. Jiang Y, et al. A dose-response meta-analysis of physical activity and the risk of Alzheimer’s disease in prospective studies. Journal of Neurology. 2025.
  2. Leitão C, et al. Twelve weeks of exercise training improves cognitive status, physical performance and quality of life in Alzheimer’s disease: A systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews. 2025;104:102655.
  3. Gai Y, et al. Effects of physical exercise on cognitive and motor function in patients with Alzheimer’s disease: a meta-analysis based on randomized controlled trials. Cognitive Neurodynamics. 2025.
  4. Livingston G, et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet. 2024;404:572–628.
  5. World Health Organization. WHO Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour. 2020.