Cada 20 de octubre se celebra el Día Internacional de las Mastocitosis y las Patologías Mastocitarias, una fecha para dar visibilidad a un grupo de enfermedades poco frecuentes y, en muchos casos, poco conocidas.
Las mastocitosis son enfermedades en las que existe una acumulación anormal de mastocitos —células del sistema inmunitario— en diferentes tejidos. Dependiendo del tipo de enfermedad, pueden aparecer síntomas muy diferentes: problemas en la piel, digestivos, cardiovasculares, fatiga, alteraciones óseas o episodios de anafilaxia, entre otros.
Y precisamente por esa variabilidad, hay una pregunta importante:
¿Se puede hacer ejercicio teniendo una enfermedad mastocitaria?
La respuesta no es simplemente sí o no.
El ejercicio no es igual para todas las personas
Uno de los problemas de las mastocitosis es que determinados estímulos pueden favorecer la activación de los mastocitos y la aparición de síntomas.
Entre los desencadenantes descritos se encuentran el calor, el frío, el estrés y el ejercicio, especialmente cuando la intensidad es elevada.
Esto puede hacer que algunas personas tengan miedo a realizar actividad física.
Pero evitar completamente el movimiento tampoco es necesariamente la solución.
La evidencia actual muestra que las personas con mastocitosis pueden experimentar una importante reducción de la capacidad física, fatiga y calidad de vida. Los estudios más recientes siguen señalando que la carga de síntomas puede afectar de forma considerable a la actividad diaria y a la función física.
Por eso, el objetivo debería ser encontrar una dosis de movimiento que la persona pueda tolerar y mantener, no eliminar el ejercicio.
¿Qué puede aportar el ejercicio?
Aunque todavía faltan estudios específicos que nos permitan establecer un programa de ejercicio universal para personas con mastocitosis, el entrenamiento puede aportar beneficios generales importantes:
Mantener la fuerza y la masa muscular.
Conservar la capacidad cardiovascular.
Mejorar la autonomía en las actividades cotidianas.
Reducir el impacto del sedentarismo.
Ayudar a mantener la función física y la calidad de vida.
Todo esto cobra especial importancia en una enfermedad en la que la fatiga y las limitaciones físicas pueden terminar condicionando la vida diaria.
Pero hay una idea fundamental:
Más ejercicio no significa necesariamente más beneficio.
¿Cómo podemos hacerlo?
En lugar de pensar en entrenamientos extremos, puede ser más útil comenzar con ejercicio adaptado, progresivo y controlado.
Por ejemplo:
Actividad aeróbica: caminar, bicicleta estática u otras actividades que la persona tolere.
Fuerza: ejercicios sencillos para mantener la musculatura y la capacidad funcional.
Equilibrio y movilidad: especialmente importantes cuando existen limitaciones funcionales.
Progresión: aumentar poco a poco la duración, frecuencia o intensidad según la respuesta individual.
Y algo especialmente importante:
el ambiente también cuenta.
Si el calor es un desencadenante, entrenar en un lugar fresco puede ser relevante. Si determinados niveles de intensidad provocan síntomas, quizá sea necesario reducirlos y progresar más lentamente.
No se trata de entrenar menos por miedo.
Se trata de entrenar mejor y de forma individualizada.
Escuchar al cuerpo, pero sin dejar que el miedo decida por nosotros
Vivir con una enfermedad mastocitaria puede generar miedo a que aparezca una reacción inesperada. De hecho, el temor a la anafilaxia es uno de los factores que más afecta a la calidad de vida de algunas personas con mastocitosis.
Por eso, el ejercicio debería plantearse dentro de un plan individualizado y coordinado con el equipo sanitario, especialmente si existen antecedentes de anafilaxia, síntomas importantes durante el ejercicio o una enfermedad sistémica diagnosticada.
En estos casos no tiene sentido aplicar una rutina estándar.
Tiene sentido conocer:
- qué desencadena los síntomas;
- qué intensidad se tolera;
- qué condiciones ambientales son más adecuadas;
- cómo progresar;
- y qué hacer ante una reacción.
El objetivo no es entrenar como los demás
El objetivo es poder hacer más de aquello que importa en nuestra vida.
Caminar.
Subir escaleras.
Jugar con nuestros hijos o nietos.
Hacer la compra.
Viajar.
Mantener nuestra independencia.
Seguir participando en aquello que nos gusta.
Las enfermedades mastocitarias pueden poner límites, pero esos límites no tienen por qué ser iguales para todas las personas ni permanecer siempre iguales.
Moverse no tiene que significar arriesgarse.
Significa encontrar la forma adecuada de hacerlo.
Referencias
- Bulai Livideanu C, et al. French guidelines for the management of nonadvanced mastocytosis in adults. Orphanet Journal of Rare Diseases. 2025.
- Akin C, Butterfield JH, Castells M, Lyons JJ. Management of indolent mastocytosis and mast cell activation syndrome: A clinical yardstick. Annals of Allergy, Asthma & Immunology. 2025.
- Gotlib J, et al. NCCN Guidelines® Insights: Systemic Mastocytosis, Version 3.2024. Journal of the National Comprehensive Cancer Network. 2024.
- PRISM Study. Patient-Reported Outcomes and Provider Perceptions of Systemic Mastocytosis. Wiley. 2025.
- Oude Elberink JNG, et al. Fatigue in Mastocytosis: A Case Series. Journal of Allergy and Clinical Immunology: In Practice.
- Worm M, et al. Factors increasing the risk for a severe reaction in anaphylaxis: An analysis of data from the European Anaphylaxis Registry. Allergy.
- Sánchez-Moreno P, et al. Lifetime Disability-Adjusted Life-Year Assessment of Indolent Systemic Mastocytosis. Journal of Allergy and Clinical Immunology. 2025.
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