Por José Manuel Sánchez – Ganasalud

En los dos artículos anteriores hemos hablado de dos factores que pueden influir en el dolor persistente: el sueño y el estrés.

Pero existe una tercera pieza que muchas veces olvidamos:

el entorno en el que vivimos.

Porque el dolor no aparece en un vacío.

Ocurre mientras trabajamos, cuidamos de nuestra familia, tenemos problemas económicos, nos relacionamos con otras personas, descansamos o intentamos seguir con nuestra vida.

Y todo esto también forma parte de la experiencia del dolor.

El dolor no ocurre aislado de tu vida

Cuando alguien tiene dolor persistente es fácil centrarse únicamente en la zona que duele:

“¿Qué pasa en mi espalda?”

“¿Qué está mal en mi rodilla?”

“¿Por qué no se cura este tendón?”

Pero una persona no es solo un músculo, una articulación o una resonancia.

El modelo biopsicosocial nos recuerda que la experiencia del dolor está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales. La propia IASP señala que el contexto social y ambiental —familia, trabajo, participación social y condiciones de vida— debe formar parte de la valoración del dolor.

Por eso, dos personas con una lesión aparentemente similar pueden experimentar y afrontar el dolor de maneras muy diferentes.

El trabajo también puede influir

Imagina que tienes dolor lumbar.

No es lo mismo recuperarte teniendo:

  • Un trabajo físicamente exigente.
  • Una jornada laboral muy larga.
  • Poca posibilidad de hacer descansos.
  • Miedo a perder el empleo.
  • Un entorno laboral poco comprensivo.

que disponer de tiempo, apoyo y posibilidades para adaptar temporalmente determinadas tareas.

El trabajo no es simplemente “actividad física”.

También puede aportar estrés, incertidumbre, presión, satisfacción, apoyo social o seguridad económica.

La evidencia reciente muestra que los factores relacionados con el trabajo y las condiciones económicas forman parte de la experiencia de las personas que viven con dolor persistente. Una revisión cualitativa publicada en 2025, que analizó 71 artículos y las experiencias de más de 1.200 personas, identificó precisamente el empleo, las relaciones laborales y las dificultades económicas como elementos relevantes en la transición y convivencia con el dolor crónico.

Las personas que nos rodean también importan

El dolor puede ser muy solitario.

A veces aparece la sensación de que nadie entiende realmente lo que estás viviendo: “Pero si no tienes nada…” “Ya deberías estar mejor.” “Tienes que hacer vida normal.” “Si te mueves, se te pasará.” Incluso con buena intención, determinados mensajes pueden aumentar la sensación de incomprensión o amenaza.

Pero también ocurre lo contrario.

Sentirse escuchado, comprendido y acompañado puede facilitar que una persona afronte mejor el dolor y mantenga su actividad.

La investigación reciente continúa encontrando una relación entre el apoyo social y mejores resultados relacionados con el dolor, aunque la magnitud y los mecanismos de esta relación varían entre personas.

No se trata de que otra persona pueda “quitarte el dolor”.

Se trata de que no tener que afrontarlo solo puede cambiar la manera en la que lo vivimos.

Cuando el dolor empieza a ocupar toda tu vida

Uno de los problemas del dolor persistente es que poco a poco puede reducir nuestra participación.

Dejas de hacer deporte, dejas de quedar con amigos, evitas viajar, cambias tus actividades, te cuesta trabajar, necesitas ayuda para determinadas tareas…

Y, sin darte cuenta, tu mundo se hace cada vez más pequeño.

Esto puede generar un círculo difícil:

Dolor → menos actividad → menos participación → más aislamiento → más preocupación → más dolor.

Por eso, en el dolor persistente no solo importa cuánto duele.

También importa cuánto está interfiriendo ese dolor en tu vida.

 

El objetivo no es cambiar toda tu vida

A veces, cuando hablamos del modelo biopsicosocial, parece que la solución consiste en eliminar el estrés, dormir perfectamente, cambiar de trabajo, solucionar todos los problemas familiares y vivir sin preocupaciones.

No es realista.

La vida siempre tendrá problemas.

Lo importante es identificar qué factores están dificultando la recuperación y buscar pequeñas oportunidades para recuperar actividad, autonomía, conexión y sensación de control: volver progresivamente a una actividad que habías abandonado, salir a caminar, volver a quedar con alguien, adaptar temporalmente una tarea laboral, pedir ayuda, recuperar una actividad que te resulte importante.

Son pequeñas cosas, pero pueden tener mucho significado.

Cerramos la mini-serie

Con este artículo cerramos nuestra pequeña serie sobre tres de los factores más importantes que pueden influir en el dolor persistente:

Sueño → Estrés → Entorno

Tres piezas diferentes, pero conectadas.

Ninguna explica por sí sola el dolor.

Y ninguna significa que el dolor sea imaginario.

Forman parte de un sistema mucho más amplio en el que cuerpo, cerebro y contexto interactúan constantemente.

Entenderlo no significa resignarse al dolor.

Significa tener más herramientas para recuperar el control de nuestra vida.

Referencias

  • Karran, E. L., Wesselmann, U. I., Igwesi-Chidobe, C. N., Kapos, F. P., et al. (2025). Advancing Understanding and Action on the Social Determinants of Health for People with Pain. International Association for the Study of Pain.
  • Stone, S., Wainwright, E., Guest, A., Ghiglieri, C., Zeyen, A., & Gooberman-Hill, R. (2025). Social influences in the experience of transition to or from long-term (chronic) pain: A systematic review of qualitative research studies. PLOS ONE, 20(7), e0327984.
  • Franqueiro, A. R., Yoon, J., Crago, M. A., Curiel, M., & Wilson, J. M. (2023). The Interconnection Between Social Support and Emotional Distress Among Individuals with Chronic Pain: A Narrative Review. Psychology Research and Behavior Management, 16.
  • Wilson, M. V., Braithwaite, F. A., Arnold, J. B., et al. (2024). The effectiveness of peer support interventions for community-dwelling adults with chronic musculoskeletal pain: a systematic review and meta-analysis of randomised trials. Pain, 165(12), 2698–2720.
  • Dunn, M., Rushton, A. B., Mistry, J., Soundy, A., & Heneghan, N. R. (2024). The biopsychosocial factors associated with development of chronic musculoskeletal pain: An umbrella review and meta-analysis of observational systematic reviews. PLOS ONE, 19(4), e0294830.
  • International Association for the Study of Pain (IASP). Curriculum Outline on Pain for Physical Therapy.