Por José Manuel Sánchez – Ganasalud
En los artículos anteriores hemos visto cómo el dolor persistente no siempre indica daño, cómo el sistema nervioso puede volverse más sensible y cómo el miedo, la atención y las creencias influyen en la experiencia dolorosa.
La consecuencia más frecuente de todo esto es clara: dejamos de movernos.
Pero aquí aparece una pregunta clave:
¿Y si evitar el movimiento no fuera la solución, sino parte del problema?
El cuerpo no se rompe por moverse
Durante años se ha transmitido la idea de que el dolor es una señal de daño y que, ante él, lo más prudente es parar.
Hoy sabemos que, en muchos casos de dolor persistente, el sistema nervioso interpreta el movimiento como peligroso incluso cuando los tejidos están preparados para tolerarlo.
Esto no significa que haya que ignorar el dolor, sino entenderlo en su contexto. El movimiento no es una amenaza en sí mismo; lo que importa es cómo lo interpretamos y cómo lo dosificamos.
El miedo al movimiento mantiene el problema
Cuando aparece dolor, es normal protegerse. Sin embargo, cuando la evitación se mantiene en el tiempo, el cuerpo pierde capacidad y el sistema nervioso refuerza la idea de fragilidad.
La evidencia muestra que evitar el movimiento se asocia con mayor discapacidad, peor función y más persistencia del dolor, mientras que la exposición progresiva ayuda a recuperar confianza y capacidad funcional.
Moverse no “empeora” el cuerpo; ayuda a recalibrar el sistema de alarma.
Reaprender a moverse: exposición progresiva
El concepto de graded exposure o exposición gradual se basa en algo sencillo:
volver a hacer aquello que se evitaba, de forma progresiva, segura y adaptada.
No se trata de forzar ni de soportar dolor sin sentido, sino de enviar al sistema nervioso un mensaje repetido de seguridad.
Con el tiempo, el cerebro aprende que el movimiento no es peligroso y la respuesta de protección disminuye.
El ejercicio como herramienta terapéutica
El ejercicio no solo mejora la fuerza o la movilidad. También produce cambios en cómo el sistema nervioso procesa la información, mejora la tolerancia a la carga y reduce la sensibilidad al dolor.
Además, moverse genera experiencias positivas que rompen el ciclo de miedo y evitación.
No hablamos de entrenar más fuerte, sino de entrenar con sentido.
Una idea clave
Recuperarse no significa esperar a no tener dolor para moverse.
Muchas veces, moverse de forma adecuada es precisamente lo que permite que el dolor disminuya.
El objetivo no es evitar toda molestia, sino recuperar la confianza en el cuerpo.
Referencias
Butler DS, Moseley GL. Explain Pain Supercharged. NOI Group Publications; 2017.
Leeuw M et al. The fear-avoidance model of musculoskeletal pain: current state of scientific evidence. Journal of Behavioral Medicine. 2007.
Louw A et al. The efficacy of pain neuroscience education on musculoskeletal pain: a systematic review. Physiotherapy Theory and Practice. 2016.
Vlaeyen JWS et al. Fear-avoidance and its consequences in chronic musculoskeletal pain. Pain. 2012.
O’Sullivan P et al. Cognitive functional therapy: an integrated behavioral approach for chronic pain. Physical Therapy. 2018.
Leave A Comment