Por José Manuel Sánchez – Ganasalud
¡Hola! Iniciamos una serie de publicaciones donde vamos a describir los principales tejidos, así como sus principales patologías y formas de abordar y trabajar mediante el ejercicio terapéutico, comenzamos con el tendón.
Si tienes dolor en el hombro, el codo o el talón, probablemente te hayan dicho que “tienes el tendón inflamado”. Pero ¿realmente es inflamación lo que ocurre? Para entenderlo, primero debemos saber qué es un tendón y cómo funciona.
¿Qué es exactamente un tendón?
Un tendón es el tejido que conecta el músculo con el hueso. Su función es clara: transmitir la fuerza que genera el músculo para que se produzca movimiento.
Está compuesto principalmente por colágeno tipo I, organizado en fibras paralelas que le permiten soportar grandes fuerzas de tracción. Además, tiene propiedades viscoelásticas: puede almacenar y liberar energía, algo clave cuando caminamos, corremos o saltamos (Magnusson et al., 2010).
Lejos de ser una estructura “pasiva”, el tendón es un tejido vivo que responde a la carga mecánica. Sus células (tenocitos) detectan el esfuerzo y regulan la síntesis de colágeno y otros componentes estructurales, permitiendo adaptación cuando la carga es adecuada (Wang et al., 2012).
Entonces… ¿por qué duele?
Aquí es donde cambia el paradigma.
Durante años se utilizó el término tendinitis, asumiendo que el dolor se debía a inflamación. Sin embargo, la evidencia acumulada en la última década muestra que la mayoría de tendinopatías crónicas no presentan inflamación clásica significativa (Rio et al., 2014).
En lugar de eso, lo que se observa es:
- Desorganización de las fibras de colágeno
- Aumento de colágeno tipo III (menos resistente)
- Cambios en la matriz extracelular
- Alteraciones en la inervación y mediadores químicos del dolor
Investigaciones recientes indican que en los tendones dolorosos puede haber mayor presencia de sustancias como glutamato y sustancia P, así como crecimiento de fibras nerviosas sensitivas, lo que sugiere que el dolor tiene un importante componente neurobiológico (Ackermann et al., 2022).
Es decir: no es solo una cuestión estructural, ni simplemente “inflamación”.
Inflamación vs. tendinopatía: no son lo mismo
La inflamación clásica implica una respuesta aguda con infiltración celular evidente. Eso ocurre, por ejemplo, tras una lesión reciente.
Pero en la mayoría de los cuadros persistentes, el término más adecuado es tendinopatía, que describe un proceso de adaptación fallida del tejido frente a la carga (Magnusson et al., 2010).
Y aquí hay un dato importante para quien sufre dolor y muy en relación con las publicaciones que hemos hecho sobre el dolor:
los cambios estructurales en el tendón no siempre se correlacionan con la intensidad del dolor. Hay personas con alteraciones en pruebas de imagen que no tienen dolor, y personas con dolor significativo sin grandes cambios estructurales visibles.
Esto nos recuerda algo fundamental: el dolor es multifactorial.
¿Qué significa esto para tu recuperación?
Significa que:
- Tu tendón no está “roto” por estar dolorido.
- No todo dolor implica inflamación.
- El reposo absoluto rara vez es la solución.
El tendón es un tejido que necesita carga para adaptarse. La evidencia actual respalda el ejercicio progresivo y bien dosificado como el tratamiento con mayor soporte científico para mejorar dolor y función en tendinopatías (Rio et al., 2014).
No se trata de eliminar la inflamación, sino de mejorar la capacidad del tendón para tolerar carga.
Conclusión
Un tendón es una estructura fuerte, adaptable y diseñada para soportar tensión. Cuando duele, no suele deberse simplemente a inflamación, sino a una combinación de cambios estructurales y procesos relacionados con el sistema nervioso.
Entender esto cambia la manera de abordarlo:
menos miedo, menos etiquetas simplistas y más enfoque en carga progresiva y recuperación funcional.
En futuras publicaciones, iremos abordando otros factores relacionados con el tendón.
Referencias
- Ackermann, P. W., et al. (2022). Tendon pain – what are the mechanisms behind it? Scandinavian Journal of Pain, 23(1), 14–24.
- Magnusson, S. P., et al. (2010). The pathogenesis of tendinopathy: balancing the response to loading. Nature Reviews Rheumatology, 6(5), 262–268.
- Rio, E., et al. (2014). The pain of tendinopathy: physiological or pathophysiological? Sports Medicine, 44(1), 9–23.
- Wang, J. H.-C., et al. (2012). Tendon biomechanics and mechanobiology. Journal of Hand Therapy, 25(2), 133–140.
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