El Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después del Alzheimer y afecta aproximadamente a 7 millones de personas en el mundo. Todos conocemos algún caso cercano de personas que sufren Parkinson, y sabemos lo limitante que puede llegar a ser. Esta enfermedad es más común en personas mayores y su prevalencia aumenta un 1% después de los 60 años, y un 4% en la población mayor de 80 años.

En el comienzo de la enfermedad los síntomas a menudo afectan a las extremidades superiores e inferiores en un lado del cuerpo, pero generalmente se propaga al resto del cuerpo conforme la enfermedad avanza. Los síntomas típicos son temblores, rigidez y movimientos cortos involuntarios que dificultan la motricidad fina. Más tarde deriva en postura encorvada, lentitud, caminar arrastrando los pies, lo que conlleva un riesgo de caída elevado, y brazos rígidos. Así como un discurso monótono en la comunicación, pérdida de tono muscular, y algunos pacientes pueden desarrollar problemas con la deglución. Generalmente los síntomas afectan al sistema nervioso autónomo, producen incontinencia, y en algunos casos hipotensión ortostática.

EVIDENCIA BASADA EN EL EJERCICIO FÍSICO

Diversos estudios señalan un impacto positivo del ejercicio físico en personas que sufren Parkinson (Ahlskog,2011; Earhart & Flavo,2013). Una revisión realizada por Cochrane (organización que reúne a 11.500 investigadores en ciencias de la salud que aplican un riguroso y sistemático proceso de revisión), publicaron el siguiente estudio (Mehrholz et al., 2010). El análisis incluye 8 ensayos con 203 pacientes, y se trataba de incrementar la velocidad de caminar, la longitud del paso y la distancia total a completar. A este estudio se unieron otros que incluyeron un amplio rango de terapia alrededor del ejercicio físico, entrenamiento sensorial y la movilidad articular. La duración total del ejercicio fue de 3 a 21 semanas, y se comprobó que los pacientes obtuvieron mejoras significativas en la marcha. (Dereli &Yaliman,2010) Demostraron que pacientes con Parkinson que realizaron ejercicio con supervisión profesional mostraron mayores efectos del programa de ejercicio que aquellos que lo realizaron de forma autónoma individual.

(Miyai et al., 2000) encontró que el ejercicio aeróbico y el ejercicio soportando el  peso parcial del cuerpo, mejoró la habilidad de los pacientes para manejarse en sus actividades diarias y la función muscular.

Además el papel que puede cumplir el ejercicio en la mejora del equilibrio y la coordinación es fundamental para mantener una calidad de vida en pacientes con Parkinson, y retrasar así el avance de la enfermedad. Los que padecen esta enfermedad, y sus cuidadores conocen las dificultades que se encuentran en el día a día. Ganasalud pone a disposición de todos ellos, toda la base de conocimiento científico en sus programas para tratar de mantener la calidad de vida el máximo tiempo posible.

 

Rubén Acame Rocamora, Director Técnico de GANASALUD. Lic. CAFyD, Master Oficial Actividad Física y Salud (Real Madrid UEM).

BIBLIOGRAFÍA

  1. Ahlskog JE. Does vigorous exercise have a neuroprotective effect in Parkinson disease? Neurology 2011: 19(77): 288-294.
  2. Earhart GM, Flavo MJ. Parkinson disease and exercise. Compr Physiol 2013:3: 833-848.

3.Mehrholz J, Friis R, Kugler J, Twork S, Storch A, Phol M. Treadmill training for patients with Parkinson’s disease. Cochrane Database Syst Rev 2010:20: CD007830.

  1. Dereli EE, Yaliman A. Compariso of the effects of a physiotherapist-supervised exercise programe and a self-supervised exercise programe on quality of life in patients with Parkinson’s disease. Clin Rehabil 2010:24:352-362.
  2. Miyai I, Fujimoto Y, Ueda Y, Yamamoto H, Nozaki S, Saito T, King J. Treadmail training with body weight support: its effect on Parkinson,s disease. Arch Phys Med Rehabil 2000: 81: 849´-852.
  3. 6. Pedersen BK, Saltin B, Exercise as medicine- evidence for prescribing exercise as therapy in 26 differet chronic diseases.